Pestañas

jueves, 7 de junio de 2012

Vacío

Se me aparecen espejismos en los momentos de lucidez,
mostrándome catas que nunca volveré a saborear tras la primera vez.
Pero no volveré a caer, no soñaré de nuevo con sus sombras,
es por ello que ya no hay cosas que me sacien o me muevan.

Ambición, ¿dónde te ocultas? ¿A qué destinas tu pensamiento?
Faltan piezas que ensamblen el mecanismo de mi movimiento,
se balancea en busca de la luz en medio de la niebla.
Y es por ello que me hace sentir una persona ciega,
no por no ver sino por no discurrir el tiempo.
Es por ello que nada me sacia, no por estar vacío,
sino porque este hueco es demasiado grande para llenarlo.

miércoles, 6 de junio de 2012

Untitled I

Te reconozco, harmonía. Tu sabor metálico en las fraguas del tiempo,
estrangula mis sienes al resonar en las bóvedas de acero quebrando.
Tú también ansías ambigüedad, tiempos crueles que nos traigan la paz.
Por ello vas difuminando los límites, para llegar a un sitio que te haga vibrar.
No puedo ser adicto a este mundo cuando hay tantos allá fuera.
Trae el murmullo de una calma que precede a la libertad,
tras levantar la mirada y perderla en el viento. Siento vértigo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Alquimista de las emociones


Ya se encuentra de nuevo mi koibito a más de 7000 millas de distancia, rodeado de autómatas ostracistas. Las más de 360 horas que ha permanecido a menos de 197cm del alcance de mi brazo derecho durante aproximadamente el 927% de medía por día, han sido el equivalente a una dosis diaria de 10mg de diazepam y 02 gramos de paroxetina.
Pude respirar durante tres días aire frío seco a unos 600km de la habitación donde suelo morar y pacer, y sentir como a las 730 am los 4ºC de sensación térmica mi cara se embriagaba con la sensación de despejarse tras un sueño renovador. Ocupar a finales de febrero 1/3 del colchón mientras esté pulsaba a 68ppm latidos que no procedían de mi organismo, escuchar el ritmo pausado de una respiración que no es la propia, relajarse con ese tránsito de oxígeno y CO2 ajenos, dejarse embargar por el cálido abrazo de unas extremidades que articulan susurros al deslizarse sobre caricias involuntarias.

¿Cuántos libros hemos recorrido en tren? ¿Cuántas las veces en que se posó ese viejo negativo fotográfico haciendo las veces de marca páginas para invadir tu atención sobre la lectura?
Ya casi se ha marchado tu rastro de olor a moho nihon de mis estantes, y en cuanto rebasé los 198cm de tu órbita, comencé a contener de nuevo la respiración, esperando tu vaivén de equinocio en equinocio.
Mi koibito es el alquimista de la metafísica y las emociones, por que solo con su presencia convierte la nada en plenitud y con su ausencia el gozo en añoranza.



Se hacen viejos los recuerdos puntuales...


sábado, 24 de marzo de 2012

Dust

"I see it, the time, how it's flowing;
i can't contain its spread within me,
can my hands reach its purpose?

And i see it running, leaving me behind;
thus the farthest time goes,
the darkest my hours become.

Now I guess i'm floating, just floating;
like dust taken by the wind,
and that's it, how i can see it."

sábado, 17 de marzo de 2012

Brumas




"En los días de brumas, 
encuentro regocijo en las orillas, 
junto al serpenteo salado, 
recorro las frías horas, 
buscando siluetas borrosas.

Aun sintiéndome perdido,
miro atrás y mis pasos borrados,
cruza un susurro de mar,
el viento de sal y espuma.

Alzándose en el agua una efígie,
golpea el agua con estruendoso esfuerzo,
más se sostiene con fuerza,
observa el horizonte en silencio.

Aquello que es inmutable,
la tibia erosión lo diluye,
las ideas que discurren,
el tiempo que transcurre,
las olas que lo mecen."



Las cosas que damos por sentado

Cuando nosotros, jóvenes y adultos, oímos hablar de libros para niños parece que sintamos repulsa. Nunca hemos sido niños, somos demasiado maduros para pensar en historias donde se omite hablar de ciertas cosas que los niños no entienden.

  • 267 - El Dador y las cosas que damos por sentado.
Infancia aparte, ha sido la etapa donde hemos hecho toma de consciencia con el mundo que nos rodea, cuando sin darnos cuenta hemos ido asumiendo la totalidad de las cosas que comprenden el mundo con un entendimiento parcial de este, y ahora damos por sentado que esas cosas siempre han estado ahí dentro de nuestra cabecita por obra de nuestra magnánima madurez. Al final se nos ha olvidado que hemos tenido que ir adquiriendo cada uno de esos conocimientos, técnicas, conceptos e ideas sin que nadie nos explicara nada sobre el proceso; una vez que hemos aprendido algo, ya forma parte de nosotros, ha dado otra dimensión a nuestra percepción.



En El Dador se nos plantea la vida de Jonas en lo que parece ser una sociedad utópica. Jonas ya ha alcanzado la edad donde los ciudadanos de esta sociedad pasan a tener una responsabilidad y a aportar activamente en la actividad de la "comunidad" donde vive. Desde el principio las cosas son grises, la Monotonía se hace palpable y el orden impera en la actividad diária. En esta sociedad igualitaria no existe el dolor ni la profundidad emocional, no existen actividades creativas como la literatura o la música, tampoco los colores.



"Pero entonces Jonas se dio cuenta, mientras seguía la trayectoria de la manzana a través del aire con sus ojos, de que la fruta había - bueno, esto era algo que aun no entendía muy bien - la manzana había cambiado." El Dador, Lois Lowry.

La vida de Jonas da un giro inesperado cuando es designado como el "receptor de memoria" de su comunidad, la persona responsable de almacenar los recuerdos y sensaciones perceptibles que se suprimieron al comienzo de la Monotonía. Para ello se encuentra con el actual "receptor" que se convertirá en el "dador" que volcará todos los recuerdos en Jonas.



A medida que va adquiriendo más recuerdos de gozo, dolor, tristeza, arrepentimiento, perdida, plenitud, etc., Jonas empieza a pensar que él y los  habitantes de la comunidad se encuentran atrapados en una distopía y que están siendo privados de todas las posibilidades de 'vivir', incluido el concepto de 'muerte' de los cuales era ignorante hasta que se convirtió en el "receptor".




Al mismo tiempo que ha pasado a encontrarse en listas de lectura recomendada para estudiantes de secundaria, esta novela también está vetada en muchas otras por considerar que su contenido no es adecuado para niños (eso y que exaltaba el comunismo).

¿Es para niños o para adultos entonces? La forma en la que está escrita es para niños de entre 9 y 16 años, sin embargo hace las veces de novela ligera para adultos si la agrupamos a otros títulos como "Fahrenheit 451" o "Un mundo feliz" (Ray Bradbury y Aldous Huxley respectivamente), pues es una buena introducción a este género.

Los altavoces que orientan las acciones de los ciudadanos, la regulación estricta de las actividades diarias de los ciudadanos, la eliminación del libre albedrío o la carencia de profundidad emocional de las personas en el entorno del protagonista son algunos de los detalles que caracterizan las novelas con sociedades utópicas totalitarias en las que se desarrolla el efecto "gran hermano".

Autor: Lois Lowry, 1993
Ilustraciones: Lucy Knisley

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Qué tienen en común las salamandras y los robots?



  • 269 - R.U.R. Robots Industriales Rossum y lo que nos hace humanos


En Praga hay una tumba donde todos los años se reúnen multitud de robots de juguete. El motivo no es otro que el de conmemorar a quien hizo y dio forma a lo que hoy conocemos como "robot".
Si, los checos también han sido grandes escritores, tanto como tener un candidato al premio novel de literatura, solo que le pilló en mal momento al pobre Karel Čapek, pues comenzaba la segunda guerra mundial y los suecos tenían miedo a las represalias si otorgaban el premio a un antifascista.

Se suele comentar siempre que quien inventó en realidad el término fue su hermano Josef, pero esto en respuesta a Karel, que buscaba una palabra para referirse a los seres que había inventado para una obra de teatro. No me voy a enrollar explicando la etimología de esta palabra, sin embargo creo que es importante aclarar que el concepto se asemeja más a lo que consideraríamos actualmente por 'androide': un robot con aspecto humanoide construido con componentes mecánicos.



Al contrario que los androides 'replicantes' o 'cylons', Blade Runner y Battlestar Galactica respectivamente,  los 'robots' de Čapek son ensamblados en las líneas de producción de una fábrica, al igual que si se tratase de coches. Vamos a situarnos: estamos a principios de 1920 en Europa, no hace mucho estuvimos en la segunda revolución industrial, todo el mundo conoce las bondades del Modelo T de Ford (este señor que fabricaba coches tuvo una gran repercusión en la ciencia-ficción clásica), y la ingeniería genética no dará sus primeros pasos hasta mediados de los 50; Čapek imagina unos entes puramente biológicos y al mismo tiempo está influenciado (puede que inspirado,) por el auge del mercado automovilístico y la industrialización (la imagen de la factoría), por lo que difícilmente sus androides saldrían de tubos de ensayo (eso se lo dejamos a Huxley, que para eso era nieto de un biólogo).

A Čapek se le considera uno de los autores más representativos/fundadores de la ciencia-ficción clásica no-hardcore, pues se centra en cómo evolucionaria la sociedad en una situación alternativa a partir de la actual. En parte es culpa de esta especulación en su obra R.U.R. que pensemos que el día que todo esté lleno de robots que nos hagan el trabajo, estos se revelarán contra nosotros cuando sean conscientes de sí mismos y usurparán nuestro lugar.
Elena: ¿Qué pasa con los índices de natalidad?
Dr. Gall: No lo sabemos.
Elena: Bueno, pero usted tiene que saberlo. Ande, dígamelo.
Dr. Gall: Se debe a la fabricación de robots. Hay un exceso de mano de obra. La gente se está haciendo innecesaria, superflua, por así decirlo. El hombre sobrevive por ahora, es un resto; pero lo que es seguro es que después de treinta años de competencia empezará a desaparecer..., ésa es la verdad, eso es lo horrible. Casi podríamos pensar...
Elena: ¿Qué?
Dr. Gall: Que a la naturaleza le ha ofendido la fabricación de robots.
Al parecer otro foco de inspiración para R.U.R. fue Der Golem, publicada tan solo cinco años antes, cuya historia habla de la leyenda del Golem de Praga utilizado para defender a los judíos de la ciudad y que acaba revelándose contra su creador.


Hay un aspecto de esta obra que me fascina. A lo largo de la representación, pues se trata de una pieza para Broadway, se les da diálogo tanto a personajes humanos como a los robots, se va produciendo una suplantación por parte de los segundos a los primeros, y es cuando los robots empiezan a cuestionar dónde reside la humanidad, cual es el concepto de "estar vivo" que les diferenciaba a ambos y si la preservación de esta da sentido a la replicación de los seres. En R.U.R. se exponen estas cuestiones de manera muy simple y sin entrar en profundidad a entender las motivaciones de las distintas partes.

Partiendo de que siempre se habla de un caso hipotético que podría darse si se creasen robots humanoides con el objeto de trabajar al servicio de los humanos: los humanos empiezan a percibir que su existencia se ve amenazada por el uso generalizado de los robots, los robots empiezan a ser conscientes de sí mismos y al mismo tiempo de que los humanos son una amenaza por esto de que como creadores se podrían tomar la libertad de destruirles. Son entonces un reflejo de esa naturaleza humana de querer destruir lo que amenaza la existencia de los humanos y mantener la supremacía, y es los que irónicamente les lleva a la destrucción.
¿Tienes la capacidad para crear un mecanismo que al accionarlo puede destruirte?, ¿por qué no? Pero sucede en el caso de R.U.R. que sin humanos los robots no conocen el secreto para replicarse a sí mismos (pues ni entienden la vida ni han adquirido la técnica de los humanos), y a su vez les lleva a la extinción, igual que a los humanos. Parece que en esta historia todo lleva a pensar que imponer el orden en el sistema natural de los acontecimientos lleva inevitablemente al caos.


  • 268 - La Guerra de las Salamandras y la sátira irónicamente sarcástica.


Pongamos ahora que no creamos seres a nuestra imagen, sino que estos aparecen de forma natural en igualdad de posibilidades que nosotros, y con las mismas necesidades para replicarse. Al contrario que con los robots, las 'salamandras', en concreto unas descendientes de la salamandra japónica gigante Andrias Scheuchzeri, van adquiriendo poco a poco su humanidad. Pero nada más lejos de la realidad, esas salamandras bien podrían ser nuestros países vecinos.

Esta obra es una sátira de ciencia-ficción en forma de crónica periodística, la forma en que Čapek nos narra los acontecimientos trata desde el descubrimiento de las salamandras y cómo los humanos las esclavizan para su propio provecho. La ironía del asunto es que este egoísmo tan característico nuestro se vuelve en nuestra contra cuando las salamandras deciden que ellas están más capacitadas que nosotros para subsistir y que nosotros ya hemos tenido nuestra ración de planeta durante mucho tiempo.


¿Y qué tiene este libro de particular? El autor ha tenido que huir de su país en plena segunda guerra mundial. Las guerras, esa exaltación de la avaricia y la codicia, de la pasividad con la que las vivimos cuando no nos afectan las desgracias ajenas. ¿Cómo ridiculizarías este ejercicio de autoliquidación en pleno conflicto? Con sutileza, mucha sutileza.


La Guerra de las Salamandras explota todos los aspectos de la sociedad para hacer crítica, por ejemplo: el racismo al creer los humanos que están por encima de las salamandras y despreciarlas convirtiéndolas en mano de obra barata, la experimentación con salamandras aludiendo al bien de la ciencia de la que se acabarán favoreciendo los humanos, los favoritismos de aquellos que tratan de ganarse su favor cuando descubren su potencial en contraposición a aquellos que tratan de desprestigiarlas, la generación de éxitos musicales y en el cine a raíz de la novedad que supone, el intento de la religión de calar en las salamandras, etc.

"-Eso es demasiado barato, hermanito. ¿Tiene que arreglar siempre la naturaleza lo que estropea la gente? Entonces, tu también estás convencido de que la gente, por sí sola, no podrá salir de este desastre. Ya ves, Ya ves... al final quisieran que alguien los salvase... Te voy a confiar un secreto: ¿Sabes quién, incluso ahora, entrega explosivos, torpedos y taladradoras a las salamandras, cuando la quinta parte de Europa está ya inundada? ¿Sabes quién trabaja febrilmente en los laboratorios, a fin de encontrar materias y maquinarias más eficaces para barrer el mundo? ¿Sabes quién les presta a las salamandras dinero, sabes quién financia este Fin del Mundo, Todo este diluvio?-Lo sé. Todas las fábricas, todos los bancos, todos los estados.-Ya lo ves... Si fueran solamente las salamandras contra la Humanidad, quizá no sería tan difícil hacer algo. Pero gente contra gente, eso no hay quien lo detenga."

Sin duda es una de las novelas que más me han sorprendido. Imaginaos el ejercicio imaginativo, un tanto kafkiano, que supone convertir en un némesis ejemplar a una especie ya extinta a la que se da por inferior, que no solo da un ejemplo de humildad de estas criaturas, sino de lo injusto e irónico que puede ser el destino. Un intento de alertar a la gente y hacer denuncia habitual en la obra de Čapek, pero que por encima de todo es una historia excepcional.

Con tiempo veréis que tengo cierta inclinación al humor ácido, las críticas a la sociedad y la ciencia-ficción...


R.U.R. Robots Industriales Rossum, 1920
La Guerra de las Salamandras, 1936