Pestañas

jueves, 3 de mayo de 2012

Alquimista de las emociones


Ya se encuentra de nuevo mi koibito a más de 7000 millas de distancia, rodeado de autómatas ostracistas. Las más de 360 horas que ha permanecido a menos de 197cm del alcance de mi brazo derecho durante aproximadamente el 927% de medía por día, han sido el equivalente a una dosis diaria de 10mg de diazepam y 02 gramos de paroxetina.
Pude respirar durante tres días aire frío seco a unos 600km de la habitación donde suelo morar y pacer, y sentir como a las 730 am los 4ºC de sensación térmica mi cara se embriagaba con la sensación de despejarse tras un sueño renovador. Ocupar a finales de febrero 1/3 del colchón mientras esté pulsaba a 68ppm latidos que no procedían de mi organismo, escuchar el ritmo pausado de una respiración que no es la propia, relajarse con ese tránsito de oxígeno y CO2 ajenos, dejarse embargar por el cálido abrazo de unas extremidades que articulan susurros al deslizarse sobre caricias involuntarias.

¿Cuántos libros hemos recorrido en tren? ¿Cuántas las veces en que se posó ese viejo negativo fotográfico haciendo las veces de marca páginas para invadir tu atención sobre la lectura?
Ya casi se ha marchado tu rastro de olor a moho nihon de mis estantes, y en cuanto rebasé los 198cm de tu órbita, comencé a contener de nuevo la respiración, esperando tu vaivén de equinocio en equinocio.
Mi koibito es el alquimista de la metafísica y las emociones, por que solo con su presencia convierte la nada en plenitud y con su ausencia el gozo en añoranza.



Se hacen viejos los recuerdos puntuales...


1 comentario:

  1. He tenido que convertir millas a kilómetros para responderme a mi intuición. Este comentario tiene diecisiete palabras.

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